Cena de Mujeres, casa de una de nosotras, día lluvioso, de conversación para laaaaaaargo.
- No sabés, le entraron de noche, por el patio de atrás, ella estaba durmiendo arriba, por suerte ni se enteró.
La desvalijaron, le cargaron muchas cosas en su auto y se fueron con todo, una impotencia, una angustia…
Toda su vida para armarse su casa, comprarse el auto, todas sus cosas elegidas muy personalizadas, TERRIBLE, una violación.
Por favor, eso sí que es terrible, no me ha pasado a mi aunque imagino cómo se debe sentir una cuando de madrugada le invadieron su propiedad, le sacaron lo que con tanto sacrificio y amor construyó y se fueron con parte de su vida en silencio.
Realmente todas aborrecemos estos hechos y a nadie le quepan dudas de lo MAL que está la gente para cometer un acto por el estilo.
- Pero esto no fue lo peor, la semana pasada fue a ver un cliente y cuando entró a su oficina reconoció su LCD sobre el escritorio. Era el suyo, el que ella usaba para trabajar todos los días, lo reconocería a 10m de distancia. Le dijo a la empleada “qué lindo LCD, dónde lo compraron?” y ella le contestó “Haaaa viste es la nueva adquisición de la oficina” y continuó, en un tono socarrón “…y fue una ganaga. Medio flojito de papeles, pero una hermosura”.
Ella no lo podía creer, con la soltura y frescura que le confesaba saber que no venia de “buen haber”. Qué barbaridad, todas asentimos unánimemente lo terrible del caso.
La noche siguió de charlas variadas, como dije una noche lluviosa de tormenta, que no prometía salidas, ni para volver a casa.
Y cómo siempre, un tema recurrente en reuniones de mujeres se trajo a la mesa…
- Qué es de tu vida?, vos que andas perdida, no me digas que te desapareciste dos semanas para hacerle el aguante a tu amiga que fue estafada?
- jajaja bueno, no, no todo el tiempo.
- En qué andarás vos que no contás nada de estas últimas semanas.
- Bueno, en realidad no conté nada pero empecé a salir con alguien.
- Haaaaaaa y no nos contaste nada!!!
- No, porque es casado…
- Casado?
- Bueno che, no me miren así, es casado, no capado… además yo no voy a andar cuidando conchas ajenas, de última que se la cuide él.
La frase sonó un poco más que fuerte, se hizo una pequeña interrupción por un vacío de silencio incómodo, y la conversación se disparó para otro lado, aunque no pude desprenderme de tal declaración y a cada momento me volvía a martillar en la cabeza.
Las mujeres tenemos una forma tan particular como nociva de tratarnos entre nosotras. No nos respetamos, competimos entre nosotras, nos vengamos de lo que nos hacen en “cadena de favores” con la primer desprevenida que se deje. Nos maltratamos verbalmente, pero no directamente, sino a través de me dijo que dijo de vos que…, nos cuesta ponernos en el lugar de la otra argumentando que nosotras ya estuvimos ahí, como si eso diera derecho a hacer sufrir a otros lo que nosotras ya sufrimos.
Lo que no entendemos es que para mantener una línea congruente de pensamiento, todas nuestras conductas deberían pasar por el mismo tamiz. Algo tan sencillo de visualizar como difícil de ejecutar, al menos para nuestro género.
Un paralelismo tan fácil de dilucidar no escapó a ninguna de nosotras, aunque nadie se creyó con el traje tan limpio como para desvelarlo.
Y así es que, quien condena una irrupción a la propiedad en la noche, quien se apena del arrebato de lo que con tanto esfuerzo construyó otro, quien se angustia frente a la impunidad, descaro y falta de consideración de quien compra “flojito de papeles” y forma parte de un ciclo delictivo… no puede ver que está haciendo exactamente todo eso, con personas y sentimientos.
Porque para nosotras es más fácil cambiar el filtro con el que vemos las cosas antes que cambiar las cosas, y porque nos cuesta hacer introspección y mea-culpa, las invito a todas las mujeres a auto evaluarse, que nuestro género no puede mejorar a causa de nuestro propio egoísmo y que solo vamos a poder ser todas felices si nos respetamos y amamos a nosotras mismas.